lunes, 14 de noviembre de 2011

Terquedad, aquí vamos de nuevo.

Son  las 12: 42 am y tengo clase de Historia del Derecho II  a las 7 am, pero estoy sentada en la cama como idiota esperando a que algo me diga (valga recalcar que suena Fernando Delgadillo de fondo, para cortarme más las venas), lo que sea. No importa nada, sólo que diga algo.

Y es que se repite la historia, aquella que pasa una vez cada muerte de obispo; pero aquí estoy yo como tonta esperando. Y no puedo evitarlo, se siente bien eso del masoquismo a veces.

Terquedad, acá vamos de nuevo, vos y yo; lo que pasa es que la que no entiende soy yo. En fin, seguiré esperando, quizá hasta la 1 o 1 30 am, yo que sé. Aquí me quedo. Eso sí, tendré que hacerme responsable por la voz de la conciencia que me diga después: Necia ¡Te lo dije! 

Existencialidad

Dicen que todo pasa por algo; que hay etapas de la vida que uno simplemente no puede brincarse.
Una vez alguien me dijo que pasar por la vida sin cuestionarse nada era como no haber vivido; entonces creo que yo estoy empezando a vivir.

Y es rarísimo, mil preguntas sobre todos los temas que componen mi existencia andan merodeando mi cabeza.
Por ejemplo (y quizá la más importante de ellas) ¿En qué momento decidí aceptar tantas etiquetas? Durheim decía que cada persona, en su proceso de socialización, interiorizaba ciertos roles, que por acuerdo colectivo le eran asignados; así, unos nacían para politicos, otros para educadores, unas serían madres, y otros abnegados abogados, médicos, hermanos, hijos, etc (claramente, uno no excluye al otro). Y ahora que lo veo ¡Qué tan cierto me parece esto!

Unos asumimos el rol de buenos hijos, excelentes estudiantes, amigos sobreprotectores y profesionales exitosos; donde no hay espacio para libertinajes o nada que se salga del sistema. Y así crecimos, interiorizamos ese papel, nos lo creímos, y vivimos en función de eso.

Pero ¿Qué pasa cuando uno se quiere, por alguna razón, salir de ese rol? No sé, por ejemplo. salirse del sistema. ¿Qué pasa si un día decido irme de fiesta, tomar hasta caer incosciente y salirme de mis casillas? ¿Dónde queda el rol de niña moralina que me dio Durkheim?  O más simple ¿Qué pasa si un día decido hacer todo lo que siempre he querido, pero nunca me había atrevido?

Entonces, la respuesta salta a la vista: seré una rebelde sin causa, al menos eso me dirán. -¡Andás muy rara vos! -¡¿No te parece tarde para esas rebeldías adolescentinas a estas edades?! -¡Es que desde que vivís sola cambiaste mucho! -¡No no, esos amigos comunistas tuyos te están lavando el cerebro!. Sí, lastimosamente esas son las reacciones.
No es rebeldía, no es adolescencia tardía, es simplemente cuestionarse por qué uno se comporta de la manera en que lo hace. Es sólo eso, no ser más una pendeja oculta tras una construcción social. Sólo eso.

Dicen que hay cosas que pasan en la vida; y esta me está pasando a mí. Existencialidad, y mientras dure... ¡La voy a disfrutar!

Las mil y una etiquetas interiorizadas no se quitan de un día a otro, como todo en la vida es un proceso, un tren que recorre una ruta larga hasta llegar a un destino: la libertad interna. Y yo, decidí subir a ese tren y mientras tanto disfrutar el camino.