sábado, 1 de enero de 2011

Enterrar lo que se quiere...

Sabina se equivocó, sí sí, cada vez que decía que el caso es que yo no podía enamorarme de "tí", aunque debo admitirlo, él me lo adivirtió cuando me dijo "Cuidado chaval, te estás enamorando"..


No es mi típica historia, no sé ni siquiera si esto sigue alguno de mis patrones. La cosa es que noches como la del 31 de diciembre del 2010 no sé si volveré a tener.

¿Qué habrá hecho que me ilusionara? Yo... La del corazón frío... Yo que sé, sólo sé que esta es una herida que me pude haber ahorrado, pero no sé ser más que un ser humano, pensante, errante y amante.. Y aquí erré.

¿Qué me pasa? ¿Por qué ayer pensaba en si hacerle caso al corazón y a la razón, y ahora trato de pegar algunos pedazos que se me cayeron cuando se me rompió el corazón?

No era para mí, simplemente no era para mí...

Con todo esto sólo puedo llegar a dos conclusiones:

  1. El corazón tiene una muy limitada capacidad para pensar, no hay que hacerle mucho caso pues no analiza, sólo vive y ya..
  2. Y quizá la más importante de las enseñanzas que he tenido un fin de año: a veces hay que enterrar lo que uno quiere.
¿Estaré preparada en este momento para borrar a alguien de mi vida? ¿Al mismo que ayer me robaba horas de pensamiento? No, no creo, todo fue demasiado rápido, y lo único que pude hacer fue dejar a mi mente escaparse, que se quede ida.. Que se silencie y por una vez en su vida no diga lo que siente..

Enterrar lo que se quiere... Pues entonces yo, mujer pensante, entierro este 1ero de enero a mi algo, el mismo algo que anoche me entristeció y que tan sólo ayer me hacía suspirar..

Buena suerte, y hasta luego..

1 comentario:

  1. Nohe, actualíceme!! y sonría! que está joven y le falta mucho por vivir y que aprender!!! :)

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