domingo, 30 de mayo de 2010

Por Cecilia Cordero

¿Por qué si vemos que el camino es largo y duro, pensamos en detenernos? ¿Por qué no mejor seguir caminando hasta el final? ¿Creemos que es tan difícil? ¿Y si lo fuera, por qué no obviamos su longitud y dificultad, y avanzamos pensando en que en algún momento el camino dejará de ser tan difícil?

¿Por qué si en nuestras vidas, algo no nos sale bien, nos entristecemos y perdemos las ganas de seguir adelante? ¿Por qué no arriesgarnos más, enfrentar nuestros miedos y angustias?

No es apostar a un mejor futuro, ya que no se trata de suerte, sino de voluntad, decisión, compromiso, y sobretodo, esperanza. Es poner nuestros corazones en lo que hacemos, pensar en quienes queremos, sonreírle a los malos momentos, no tenerle miedo a nada, saber que somos más fuertes que la adversidad y tener la seguridad que las cosas cambiarán.

Es acordarse de sonreír cada mañana, repartir sonrisas contagiosas, compartir esperanza, risas, abrazos y sueños; sabiendo saber que habrá un mejor futuro, en el cual nos toca creer y volverlo realidad.

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