miércoles, 26 de mayo de 2010

Era inevitable

Era tu perfume, el olor de tu piel simplemente, que a mis palabras parecía entorpecer.

Era el color de tu mirada oscura lo que quemaba el frío de mi alma, y no había más tristeza; se marchaba la nostalgia.

Eran las frías tardes de invierno que te traían a mi mente, como si necesitase yo tenerte conmigo; a cada segundo, a cada instante.

Y era inevitable mirar la luna, tan cambiante y perfecta, sin siquiera recordar aquella voz que nunca quise dejar de escuchar.

Era inevitable no desea que no llegaser nunca el alba, y que mis ojos no dejaran de ver la dulce oscuridad de tu mirada.

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