domingo, 30 de mayo de 2010

Por Cecilia Cordero

¿Por qué si vemos que el camino es largo y duro, pensamos en detenernos? ¿Por qué no mejor seguir caminando hasta el final? ¿Creemos que es tan difícil? ¿Y si lo fuera, por qué no obviamos su longitud y dificultad, y avanzamos pensando en que en algún momento el camino dejará de ser tan difícil?

¿Por qué si en nuestras vidas, algo no nos sale bien, nos entristecemos y perdemos las ganas de seguir adelante? ¿Por qué no arriesgarnos más, enfrentar nuestros miedos y angustias?

No es apostar a un mejor futuro, ya que no se trata de suerte, sino de voluntad, decisión, compromiso, y sobretodo, esperanza. Es poner nuestros corazones en lo que hacemos, pensar en quienes queremos, sonreírle a los malos momentos, no tenerle miedo a nada, saber que somos más fuertes que la adversidad y tener la seguridad que las cosas cambiarán.

Es acordarse de sonreír cada mañana, repartir sonrisas contagiosas, compartir esperanza, risas, abrazos y sueños; sabiendo saber que habrá un mejor futuro, en el cual nos toca creer y volverlo realidad.

sábado, 29 de mayo de 2010

600 son los largos kilómetros.

Debo ser una idiota por escribirte esto, una cursi no más. Pero a ratos siento que si no escribo me muero, que la vida se me va, y que es casi una necesidad.

También sé que soy una masoquista, porque según mi mente, la cual ya hizo una historia tonta de amor de la nada, vos vas a venir, yo te voy a ver.

Lo peor no es que me vas a gustar, lo peor es que creo que me gustás desde el día en que te ví, pero claramente uno no ama ni quiere lo que le es desconocido, por tanto sólo me gustás.

Y es que ese es el problema, que me voy a ilusionar, y que luego no voy a querer dejarte ir, pero igual te vas a ir.

Tal vez es sólo un juego, pero ni vas a venir y te vas a ir...

Te vas a ir con un pedazo de mí, porque es cierto, soy irremediablemente cursi, y lo sabés.

Tal vez un día vaya donde estés, no sé si será como siempre lo hablamos, por ahora te pienso acá, acá en Costa Rica.

Tengo un mundo preparado para vos; tengo besos en el Teatro, caminatas por el parque de La Sabana, hasta un café en la soda de mi facultad. Pero sobre todo tengo una noche, llena de estrellas, y de una luna gigante, para que ahí, en el frío de la oscuridad me des el beso que espero desde el día en que te fuiste.

También he planeado temas de conversación, como de política e historia, vos sabés que me encanta hablar de eso, aunque estoy segura que podría pasar horas sin hablarte, sólo viéndote, sólo pensándote.

Ni sé si vendrás, sólo sé que te espero, así de callado y serio. Diciéndome que no malinterprete las cosas (cuando sabés que me es inevitable).
Yo te espero así, moreno de mi corazón, aunque sean 600 kilómetros los que me separen de un beso y un abrazo.
Tan cruel la distancia, pero tan linda que me hacen pensar en vos.

600 son los largos kilómetros.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Era inevitable

Era tu perfume, el olor de tu piel simplemente, que a mis palabras parecía entorpecer.

Era el color de tu mirada oscura lo que quemaba el frío de mi alma, y no había más tristeza; se marchaba la nostalgia.

Eran las frías tardes de invierno que te traían a mi mente, como si necesitase yo tenerte conmigo; a cada segundo, a cada instante.

Y era inevitable mirar la luna, tan cambiante y perfecta, sin siquiera recordar aquella voz que nunca quise dejar de escuchar.

Era inevitable no desea que no llegaser nunca el alba, y que mis ojos no dejaran de ver la dulce oscuridad de tu mirada.

El alma, la muerte, la lluvia, y la soledad.


Era una estudiante de arquitectura, tenía exactamente 18 años y 2 meses, un poco loca, de sonrisa dominante y de carácter misterioso, con esos aires de artista que suelen tener los que viven de la creatividad.
Fabianna amaba la lluvia. Cada vez que caminaba y empezaba a llover lejos de abrir la sombrilla decidía mojarse.
Le transmitía paz, y a la vez una fuerza inexplicable.
Una vez, iba caminado por Barrio Escalante, y me topé con ella, con Fabianna. Me acuerdo que llevaba puestos unos tacones rojos, y una falda gris. Se veía particularmente linda, de todos modos, ella era agradable, y eso la hacía lucir bien.
Cuando la ví, no la pude saludar, su mirada estaba perdida, como desubicada, no sé explicarlo, se veía diferente.

No le dí importancia en el momento, aunque en el fondo sabía que algo le sucedía.

Pasaron los días, y volví a verla, esta vez me la encontré por el Auditorio de mi facultad, se veía mal. No pude evitar preguntarle cómo estaba.
No pronunció palabra alguna, no parpadeó; solamente se dio media vuelta, y se fue, ignorando mi pregunta.

Dos meses después descubrí que aquel rostro de inmensa triste de Fabiana no era casualidad, lo había perdido todo; su alma principlamente.

La llamé, y sólo dijo: eh llegado a la locura, a la demencia. Es la muerte del alma, desamor
el abuso continuado, la malicia, una vida inmolada, la injusticia, el vacío, el silencio y el temor.

Abandono total, la soledad, el desprecio, la falta de razón es ofensa, intensa humillación, era eso lo que había acabado con la vida de Fabianna DiCoussa, la muerte de su alma.

Inolvidable

Decime que ya nunca soñás conmigo, que no hay un solo día en el que me echés de menos, que no se te pasa por la cabeza volverme a ver, que nunca te has imaginado ese momento, que ya no recordás aquella noche, que no te morís por abrazarme y que ya no pensás en mí, que nunca pensás en mí... ni siquiera un poco.. entonces prometo olvidarte.. al menos intentarlo.

...sólo por escribir, por escribirte a vos.


Siempre es de noche cuando te pienso, no sé, como que la luna me inspira, y entra en mi mente tu sonrisa, que dislumbra hasta el último de mis pensamientos. Y no importa cuántas estrellas hayan en medio de la oscuridad, no importa nada; al fin y al cabo siempre andás dentro mío.

Entonces entra la inspiración, y empiezo a escribir poemas y cartas, sin ningún futuro, sólo por escribir, por escribirte a vos; sin pensar siquiera en finales felices, sólo pensando en vos, allá donde estés.
Y no pienso, sólo me limito a sentir; como si este mundo fuese a terminar hoy; me aferro a la idea de esa libertad, que sólo mirarte me da...

jueves, 20 de mayo de 2010

¡Hoy amo, lo amo a usted y amo al mundo!


Me cansé de jugar de comunista a ratos, y de decir que todo lo odio. Es mentira, no odio, simplemente no concuerdo.

Hoy amé caminar por la u, entrar a la librería y pasar horas viendo libros que simplemente no iba a comprar.

Amo, amo, amo tanto que hoy siento que lo amo a usted, con toda y su estupidez, ¿Y qué? Si al fin y al cabo todos somos estúpidos a ratos.
Amo decir que amo lo que estudio, amo decir que amo tener un novio imaginario que sólo existe en Facebook además.

Amo el spam que generan mis amigas diciéndome que me odian y que me aman.
Amo no ser emo, amo no tomar, no fumar, amo odiar el fútbol.

Amo a Joaquín Sabina, amo odiar el reguetón y el metal.


Amo decir que amo a Mario Benedetti, amo decir que soy irremediablemente cursi.
Amo que me guste un hombre que vive lejos, amo caminar y pensar en qué tan tonto es eso.

Amo ser medio babosa a ratos, amo pelear, amo debatir.
Amo que me digan que no mezcle el corazón con la razón.
Amo la relatividad de las cosas.


Amo las marchas, amo decir que odio a los bochincheros.
Amo tanto la vida, que decido ver lo bueno, y tratar de omitir lo malo.

Amo la política, aunque todos la odien.
Amo creer que existe lo bueno.
Amo esperar a que algún día tendremos un buen gobierno.
Amo soñar con ser diputada, incluso amo que se rían de lo tonto que suena eso.
Amo las utopías, aunque no crea en ellas.

Amo odiar a los diputados y a sus desvergonzadas.
Amo no estar de acuerdo.
Amo la oposición, porque siempre será necesaria.
Amo la tensión.

Amo el Techo, y amo que digan que no sirve nada, porque quiere decir que nuestro trabajo se nota.
Amo las clases, y amo dormirme en Apreciación del Teatro.

Amo ir al Teatro, y amo querer entrevistar a los actores.
Amo que me esperen, e incluso amor odiar esperar.

Amo los días como hoy, aunque no sean productivos.
Amo comer, y hasta amo sentir que comí demasiado.
Amo ser una pola, que cree que ama a todo el mundo.

Amo detestarme a veces, porque indica que puedo ver mis errores.

Amo entrevvistar, y amor leer sobre leyes.
Amo saber que soy feliz.

Amo odiar a ratos la sociedad, amo inevitablemente pertencer a ella.

Amo el periodismo, aunque a veces odie a los periodistas; amo eso también.
Amo ser una estresada, amo ser una bombetas.


Amo leer, y amo pensar en la luna, las estrellas, y blablablá.
Incluso amo aún con el corazón roto, porque sé que es reconstruible.

Amo amar, y amo saber que también detestando se puede AMAR.

¡Hoy lo amo a usted, y amo al mundo!


Contraparte (al menos intento de) de la nota de Cecilia Cordero.