martes, 2 de marzo de 2010

...cada noche en mi ventana...


Cada noche la fría ventana de mi cuarto se torna cálida.

Mis pensamientos logran conectarse con los tuyos.
La tibia noche cae. La luna se pone sus mejores vestiduras, pues es ella misma quien conspira segundo a segundo para que estemos juntos.
Miro las estrellas, y pienso en vos. Es inevitable. Te sueño.
Imagino tu silueta en medio de la niebla. Te sueño caminando de mi mano.
Te acaricio en mi mente.
Ya no está en mí; son los latidos de mi corazón los que te llaman a cada instante.
Susurro tu nombre en el silencio. Te espero mi amor. Aguardo cada minuto de mi vida, porque sé que un día estaremos frente a frente.
Llegará nuestro tiempo. Te voy a conocer; y me vas a enamorar. Tu dulce mirada cautivará hasta el último de mis pensamientos. Tu suave voz me hablará al oído palabras de amor que jamás había escuchado.
Tus manos tocarán mi rostro; y mi piel se erizará.

Y tus besos congelarán mis labios que han estado sellados esperando el momento.
No sé donde estarás mi dulce amor. Desconozco tu nombre, tu edad, tu pasado. Pero con certeza puedo asegurar que vos también soñás conmigo.

Sé que la hechura de mi cuerpo se pasea por tu mente aún sin conocerme. Me ves a lo lejos...

Cada noche se convierte en nuestro tiempo a solas. No necesito por ahora tenerte a mi lado para estar con vos. Porque somos el uno para el otro.
Algo en mi tiene tiene tu nombre tatuado. Y en tu corazón están impregnadas las siete letras de mi nombre.
Mi corazón se alegra de saber que un día llegarás.
No te espero en un caballo blanco con un traje de príncipe azul. Simplemente te espero a vos, tal y como sos.
Mi alma se conmociona al saber que un día leerás lo que mi esencia te escribe.
Aunque no te conozca, de mi corazón salen palabras que ni yo misma logro comprender. Pero son para vos. Vos y sólo vos.

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